Las dos líneas curvas simbolizan el recorrido de dos personas.
La línea superior representa al paciente y la línea inferior representa a la psiquiatra, quienes coinciden en un momento de sus vidas, donde sus vivencias se cruzan, para después, recorrer en forma paralela una parte de su jornada existencial.
Feliz el paciente por lo ganado en el recorrido, habrá aprendido lo que significa volar.

Bienvenida

El ser humano que tiene problemas emocionales es la persona más desvalida. Él mismo no sabe que le pasa, por ello no puede comunicarlo para que lo escuchen y así lo puedan ayudar.

Cuando intenta expresar sus emociones, las personas a su alrededor no lo entienden, lo rechazan y lo que es peor, lo señalan y le llaman despectivamente “loco”.

La falta de disposición de las personas que rodean su entorno lo convierte en un discapacitado emocional, solo, vulnerable, incomunicado, inmerso en un mar de dudas. Deja de luchar consigo mismo y enfrenta, con más miedo que arrojo, el síntoma principal de todos estos trastornos emocionales: la angustia.

Estar enfermo de las emociones es como cualquier otra enfermedad del organismo. Tenemos cuerpo y mente, por ello, cuando enfermamos físicamente, el síntoma principal es el dolor. Creemos que lo adquirimos de afuera y no nos preocupa decir: “me duele esto o el otro”.

En la enfermedad emocional, en cambio la culpa es la primera que se asoma en nuestra mente y no nos permite hablar. Permanecemos ensimismados y casi estoicamente sufrimos los embates de la angustia, la depresión, la falta de autoestima, la neurosis, todo un conjunto de emociones que no nos permite vivir el día a día. Esta lucha sin tregua nos hace pedir ayuda a un profesional psiquiatra e iniciar una psicoterapia, terminando así con el sufrimiento inútil.

Si ya decidió dar el primer paso para asistir a un tratamiento, es porque en su mente ya no acepta una vez más que dos y dos son tres. Debe estar preparado para escuchar su verdad, crear su propia historia y sanar viejas heridas.

“Que no hagan callo las cosas ni en el cuerpo ni en el alma”,         León Felipe